Criticas




Maria Piedad Gómez, Crítica de arte colombiana


1994

« Una obra que transita a través del tiempo y su trayectoria va a la búsqueda de los sentidos": Ossaba sin temor del espacio lo llena y controla sin tener que hacer una ruptura conceptual para crear esta instalación. Existen cantidades de personas que durante las cuatro estaciones circulan y no comunican, la obra de Ossaba es un elemento comunicante y al lado de este elemento se asocia una imagen ».

2000

« La obra de Ossaba es portadora de un fuerte sentido crítico, la descomposición plástica de un gran placer iconoclasta. Su temperamento de fuego, el vigor impulsivo, el gesto provocado, la amplitud del goce, hacen conservar su función crítica abarcando en su trayectoria los valores culturales establecidos. La alegría es conducida con humor y amor hasta los limites de las desmesuras aceptables. Sus formas rotundas se presentan como un goce. Una fantasía con conciencia de ser un poder expresivo que subsistirá porque es imagen.


Excepto de tabúes y prohibiciones, sus colores lo dicen todo con una tierna ferocidad, su pasta generosa, casi fogosa se riega en tonos vivos rechazando la agresividad por haber adquirido la certidumbre de su poder expresivo.


La naturaleza es predominante y forma parte intrínseca de la expresión. Al gesto le otorga enorme vitalidad, llevando a su máxima paradoja el valor del retrato conjugando la belleza y el placer. Sus personajes son el culto ardiente rendido a la belleza o al deshago de la sed humana de crear y vencer.


Cuando Ossaba construye, sufre, pone atención a que todo esté en su sitio: forma, relieve, superficie, el porte del ángel o guerrero, la madona, una luna, un sol, una serpiente, un tambor, un tigre, una flor, una hoja es a la vez simple y colosal como una llama. Desconoce la pequeñez, su emblema la grandeza. A él le es permitido revestir con un vuelo natural la idea justa de una pomposidad brillante, libre y maravillosa.


El diagnostico es claro: buena salud, pintura en buena forma física, intelectual y síquica. Una pintura que se sostiene de esta manera y conserva la dignidad esencial, aquella de ser una buena pintura, atrevida, audaz, llena de vitalidad, en la cual los aspectos técnicos se olvidan al ser dominados con brío. Ossaba sabe asombrarnos permanentemente por su exuberancia y maestría confirmada que han hecho de él uno de los pintores conocidos de su generación».

María Piedad Gómez